La Librería Nicolás Moya pone punto final a una historia centenaria

Los efectos de la crisis y el auge del libro digital han empujado a la librería más antigua de Madrid a colgar el cartel de liquidación por cese definitivo

Librería Nicolás Moya

La librería más antigua de Madrid está a punto de echar el cierre definitivo

Bajo un letrero tan discreto como su fachada, se encuentra la Librería Nicolás Moya, una verdadera joya madrileña. Ubicada en el número 29 de la calle Carretas, la que fuese la primera librería médica de nuestro país aún mantiene el aspecto que la vio nacer y no ha permitido que el bullicio de los bares y los comercios aledaños alteren su esencia.

 
Tras más de 100 años vendiendo libros de medicina y ciencias afines en el mismo local, la librería más antigua de Madrid luce hoy el cartel de liquidación en sus cristaleras por cese definitivo. La antigüedad de la librería abala la entrega de la familia Moya, que se ha ocupado de mantener a flote el negocio generación tras generación. Sin embargo, los efectos de la crisis económica, el auge de los libros digitales y las nuevas formas de acceso a información especializada han empujado a la centenaria librería a acelerar su cierre.  
 
“Según han evolucionado las cosas, contar con una especialización ya no es suficiente para mantener el negocio a flote”, nos cuenta la biznieta del fundador, Nicolás Moya, que hoy se hace cargo del negocio familiar. Entre libros y sentada tras el mostrador, esta descendiente de los Moya se confiesa agotada por todo lo que está suponiendo el proceso de liquidación y por la cantidad de curiosos que acuden a conocer la historia de la librería. Sin embargo, la biznieta de Nicolás Moya destila pasión por el negocio y, sin pretenderlo, nos da una lección de humildad al querer que su nombre y su imagen permanezcan en el anonimato pese a estar lidiando diariamente con el trabajo en la tienda. Así bien, la protagonista de esta historia no es otra que la Librería Nicolás Moya y el vacío que dejará en Carretas.
 

Los efectos de la crisis y el auge del libro digital han provocado que la Librería Nicolás Moya luzca hoy el cartel de liquidación en sus escaparates

 Una librería con solera

 
 
Nicolás Moya abrió su librería en 1862 cerca del Colegio de Cirugía de San Carlos, dedicado a la enseñanza de medicina. Profesores y alumnos de la institución acudían a comprar sus libros de referencia a esta librería especializada en el “arte de curar” en la que, su fundador, no solo se dedicaba vender libros de medicina, veterinaria, agricultura y náutica, sino que llegó a realizar el trabajo de una imprenta, traduciendo y publicando obras. Tal fue el reconocimiento que obtuvo el buen hacer de Nicolás, que la trastienda de la librería sirvió para que el Premio Nobel Ramón y Cajal celebrase tertulias con sus compañeros y colegas. Tras la muerte de su fundador, en 1914, la Librería Nicolás Moya se trasladó desde el número 8 de Carretas hasta su ubicación actual en la misma calle.
 
El cierre del negocio ha propiciado que lleguen más clientes a conocer la mítica librería y, aunque la biznieta de Nicolás Moya se siente orgullosa de que la tienda que fundó su bisabuelo aún despierte interés, siente que estos mismos clientes no hayan acudido a la librería antes de que ésta anunciase su cierre. “Hay clientes que no venían desde hace más de veinte años y se han presentado ahora para ver la librería por última vez. Quizás si hubiesen comprado con mayor asiduidad no tendríamos que cerrar”, cuenta nostálgica Moya.
 
 
A punto de bajar el cierre
 
 
Como si estuviese ajena a la era de las nuevas tecnologías y el auge de Internet, la Librería Nicolás Moya cerrará con el mismo aspecto con el que abrió y manteniendo la línea temática de sus libros. La familia nunca ha pensado en evolucionar a su versión 2.0 y ha mantenido siempre la temática de sus libros. “Hemos mantenido siempre la línea en todo, aunque el año pasado se nos ocurrió introducir literatura infantil y se vendió bastante bien, ya que están sacando libros ilustrados muy llamativos para los más pequeños. A veces, este interés despertado en los niños sirvió de gancho para que viniesen padres a buscar libros infantiles para regalar en fechas especiales”, explica.
 
La Librería Nicolás Moya se ha mantenido viva gracias al esfuerzo de la familia y al amor por los libros que, en concreto, la actual encargada del negocio respiró en su hogar cuando veía a sus padres leer y dedicar sus esfuerzos a que el negocio saliese adelante. La fecha de cierre aún aún no se ha concretado y aunque a Moya le gustaría que el local fuese ocupado por otra librería, cree “que se abrirá alguna franquicia o algún negocio textil”. El futuro del número 29 de Carretas es un misterio, pero si algo está claro es que los madrileños recordarán con cariño la librería más antigua de su ciudad.
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